¡Que los aplausos no cesen!

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    Firma Invitada

    Consuelo Hueso

    Soprano inquieta

     

     

     

    Tras unas semanas de aletargamiento donde los pensamientos van a cien por hora pero, los actos se ralentizan ablandándose hasta alcanzar su disolución llega la solicitud de Fani Grande para escribir sobre el confinamiento.

    Mi confinamiento destila desasosiego por las audiciones aplazadas, la cancelación y en el mejor de los casos, aplazamiento de conciertos y recitales, el horror por el cierre de teatros de ópera y auditorios, y la estupefacción ante las incomprensibles situaciones donde el vecindario se queja porque los músicos y músicas ensayan o dan clases online a su alumnado desde sus casas.  (Vecindario que seguramente saldrá a las ocho a aplaudir y puede que a corear canciones.)

    Y también transita él, mi confinamiento, por la rabia e incomprensión con las que se pregunta dónde collinsos está la música clásica en los medios de comunicación. Simplemente, no existe. En las entrevistas, en los videoclips, en los conciertos desde casa prácticamente no aparece. No somos visibles. Así no hay manera.

    La música solo existe en el tiempo, es efímera, tras ejecutarse permanece únicamente en nuestra memoria. Este arte invisible y que directamente interpela a nuestras emociones, incluso a las que permanecen agazapadas en la última célula de nuestra mente y corazón, necesita de los y las intérpretes.

    Un cuadro es admirado por el curioso visitador de museos y galerías, un libro es desmenuzado por el lector avezado o novel pero, una melodía, una canción, necesita  ineluctablemente de intérprete para poder imaginarnos en ella. Por eso, las y los artistas, somos indispensables en una sociedad para, entre otras cosas, crear su acervo cultural y simbólico.

    Y los y las  artistas os necesitamos, público. A partir de ahora mucho más.

    Creo que lo más revolucionario y comprometido cuando se instale la nueva “normalidad” será acudir a conciertos y recitales, apostar por la música en vivo, por todo tipo de música pero, especialmente por la  menos divulgada y difundida.  Y crear una actitud diferente a la hora de “consumir” música, una actitud que haga del hecho artístico algo que enriquezca y rompa los corsés que la sociedad de consumo y el capitalismo feroz han cosido con esmero, estrechando hasta casi ahogar la vida del artista.

    Una actitud revolucionaria que propicie la posibilidad de la música como algo no solo asociado a una fiesta sino algo que haga temblar los pilares de nuestra cómoda sociedad y nos lleve a cuestionarnos, que para eso es el ARTE. 

    Yo, mientras tanto, canto en mi casa con tristeza, con desasosiego, con incertidumbre, con atisbos de alegría y con tintes de rabia pero, siempre, siempre, conmovida.

    Que los aplausos no cesen, hoy en los balcones y mañana en los teatros.

    Que los aplausos no cesen y  mientras, cantaré para mí.

    “Y mañana el sol brillará de nuevo y por el sendero que recorreré, nos reuniremos otra vez nosotros, bienaventurados, en el seno de esta tierra que respira luz del sol.

    Y a la vasta playa, bañada por olas azules, bajaremos silenciosos y despacio, callados, nos miraremos a los ojos, y sobre nosotros descenderá el mudo silencio de la felicidad. “

     

     

    Morgen! Op. 27, No 4 de Richard Strauss sobre un poema de John Henry Mackay. 
    Soprano: Diana Damrau
    Violín: Renaud Capuçon
    Orquesta Nacional de Francia
    Director: Valery Gergiev

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