Las amistades fabulosas

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  • Susana

    ✍🏽 Firma invitada 

    Susana Gisbert Grifo

     Escritora y fiscal delegada de delitos de odio

    en la Fiscalía Provincial de Valencia

     

     

     

    Desde que, hace un par de días, mi querida amiga -a la par que prologuista- Fani Grande me propuso ser una de sus firmas invitadas en El Fémur, me puse a dar saltos de alegría. El Fémur es un referente de muchas cosas, como lo es la propia Fani, y ser parte de él es un honor y un lujo. Así que también esta será una de las cosas buenas que trajo el coronavirus -o, como lo llamaría Empar, el xungovirus-, que también las ha habido. Quizá alguien deba estar pensando que es a mí a quien le ha afectado alguna otra cosa, porque el maldito bicho nada tiene de bueno. Y es cierto, nada tiene de bueno algo que ha causado tanto dolor, tantas muertes y tanta desesperación e impotencia. Pero nuestra manera de reaccionar y lo que aprendamos de la experiencia sí que puede ser bueno. Y no solo puede, sino que debe serlo.

    Pues bien, una de esas cosas positivas a las que me refería es el cambio estratosférico en nuestra escala de valores y, en especial, el hecho de conferir valor a esas cosas que nos pasaban desapercibidas. Salir a dar un paseo, un abrazo, un apretón de manos o un simpe café compartido eran lujos de los que disfrutábamos sin darnos cuenta de que lo eran. Hasta ir a tirar la basura se ha convertido en una actividad tan envidiable que varios de los habitantes de cada casa se rifan hacerlo. Y, como ocurre siempre, solo echamos de menos cuando no tenemos.

    En estos días de repensar las cosas, he reforzado mi creencia de siempre de que soy una verdadera privilegiada. Y no por un trabajo, o por cosas materiales, sino por algo importantísimo, la amistad. Estos momentos hubieran sido difícilmente soportables sin los lazos de amistad que se estrechan casi sin darse una cuenta.

    Pertenezco al mismo grupo de amigas desde hace más tiempo del que soy capaz de recordar. Cuatro amigas que son una constante en mi vida. De hecho, no recuerdo ningún momento importante en que no hayan estado, y eso está muy bien. Pero hay otras ocasiones, cuando no celebramos una boda, un bautizo, un cumpleaños o un aniversario, y dejamos la amistad un poco de lado. A veces nos cuesta ponernos de acuerdo para quedar, y pasan semanas y hasta meses sin reunirnos. Sin embargo, ahora nos vemos a diario. Cada día, a la misma hora, quedamos virtualmente y nos vemos las caras echando mano de las posibilidades tecnológicas a nuestro alcance. Comentábamos que nunca nos habíamos visto con tanta frecuencia, y es verdad. Pero también lo es que nos necesitamos. Y esa necesidad ya formará parte de la herencia positiva del maldito bicho.

    Como decía, soy muy afortunada. No son mis únicas amigas. Ningún día falta un “buenos días” a ese grupo que nos reuníamos cada miércoles y que seguimos en contacto, aunque, de momento, no pueda ser físico. La primera cerveza que volvamos a compartir me va a saber a gloria, os lo aseguro. Cuanto los días que faltan.

    Y aún hay más. Mis amistades del grupo de la falla, separados tan abruptamente cuando estábamos a punto de celebrar nuestra fiesta, las del colegio al que asistí toda mi vida, los distintos grupos de amigos relacionadas con el trabajo pero que ya hace mucho tiempo que sobrepasaron la esfera profesional para entrar en la personal. Mis compinches, como ya desde hace mucho nos autodenominamos. Es hora de poner fecha para esa quedada que no llega nunca, para esa comida, cena, café o lo que se presente. Os necesito, y no veo el instante en que retomemos todos esos abrazos que dejamos pendientes. Espero que esto no dure mucho, pero, en cualquier caso, no volveré a ser lo que era. Y, si sabemos aprovechar la oportunidad que la vida nos da, nadie debería ser lo que era. El destino, con toda su crueldad, nos ha brindado una oportunidad de saborear cada una de las cosas buenas de la vida que nos estábamos perdiendo. Que no nos quepa duda de que la amistad es una de las más importantes.

    Os espero con los brazos abiertos para darnos abrazos hasta desgastarnos.

     

     

    Enlace al blog de Susana Gisbert: "Con mi toga y mis tacones"

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