La presentadora de TV que tenía las tetas caídas

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  • Hete aquí esta juntaletras cuando era presentadora de televisión hace muchos años, que había llegado al programa que (co)presentaba para adultos después de haberse curtido en otros formatos. Se trataba de un concurso de entretenimiento al que llegaba con bastantes horas de formación en teatro, expresión corporal y técnica vocal. Que se dibujaba flechitas arriba y abajo en las líneas de guión que le tocaba decir para clavar cada frase con la entonación adecuada... El tono, el timbre, el punto de articulación. Que se aprendía los guiones del programa como quien memoriza los misterios del santo rosario, tal era la devoción que profesaba por su trabajo por aquel entonces. El programa era de contar chistes, y ni puta gracia que tenía contándolos, con lo que recurría a la representación actoral pura y dura para ‘escenificarlos’. Si hasta había días que ni podía decir qué vestido llevaba puesto de tan pendiente que estaba de ‘hacerlo bien’... Pues érase que se era, que a punto de empezar la grabación vinieron a decirle un día que había un pequeño problema, que el escote del traje que le acababan de colocar no quedaba bien en cámara porque se le veían 'un poco caídas las tetas’. Y que había que solucionarlo. Es cierto que fueron exquisitos en la forma en que me lo hicieron saber, que florearon el lenguaje y apelaron al patronaje de la chaqueta que llevaba puesta, etc, etc.. Pero, bueno, hay informaciones que ni acolchándote de arriba abajo, te salvan del coscorrón. ¿Caídas las tetas?... La primera noticia... ¿Caídas a cuántos grados?... ¿Acaso era modelo de lencería yo?... Y lo más inquietante, ¿para qué público no estaban a ‘la altura’ mis tetas y quien lo había decidido así?... ¿Tanto esfuerzo en estudiar para que el problema fuese el escote?... Torbellino de interrogantes que recuerdo ahora de aquel día junto a la amarga certeza de saber entonces que aquello no lo quería para mí. Fue un momento de esos de #zasca, en el que tomé conciencia de cómo en determinados contextos, el tamaño de mi cerebro jamás tendría la misma consideración que la curvatura de mis glándulas mamarias. Y decidí que más me valía alicatarme bien la autoestima, si quería seguir adelante en el apasionante y complejo mundo de la comunicación. Entonces no lo supe, pero aquello fue un giro de guión en mi vida profesional. 

     

    La columnista guapa y estrecha

    La tele es esclava del atractivo físico, lo único que se valora es ‘si estás guapa’. Mejor pásate a las letras, a lo intelectual, haz algo que no pase por el cuerpo. Pensé. Bórrate, apágate, guárdate, ponte a salvo, sé sólo palabras escritas. Busca otros caminos comunicativos, que hay vida detrás de la cámara. Explora otros terrenos profesionales donde el ‘atractivo’ no sea lo ‘más’. Era mi línea de pensamiento. Siempre había escrito, toda la vida, así que empecé a repartir textos, y gustaron. Comencé con las columnas de opinión. No ‘sociedad’, ni ‘fiestas, bautizos y comuniones’, opiniones ya en la línea de El Fémur de Eva. No soy periodista, ser guionista no es ser periodista, ni escribir bien es suficiente, mi única obsesión era que no se notasen las carencias, me curraba las columnas semanales como si las esculpiese en granito. No resalto el ‘esfuerzo’ por hacerme un homenaje, sino porque veas que me importaba más encontrar un buen adjetivo que un labial. Un día escuché con mis dos orejas cómo, en un contexto puramente laboral, dónde había ido a tratar temas profesionales, me presentaban con un: “Mira, Fulanito, ¿has visto qué columnista más guapa tenemos?”. Recuerdo perfectamente la lengua de fuego que me subió desde el estómago hasta los parietales, y la inmediata inseguridad que sentí por si iba marcando ‘paquete’ o llevaba puesto algo que diese pie a tal comentario. Lo siguiente que recuerdo fueron cuatro ojos condescendientes mirándome y un ancestral y plomizo cansancio. Los ojos de quien soltó la frase mostraban una mirada que he visto luego en fotografías de cazadores al lado de una pieza. La mirada de Fulanito llevaba implícita la incómoda insinuación de si mi supuesta guapeza era el principal motivo por el que estaba allí. Grápate el hígado con el mundo intelectual, pensé muy decepcionada por topar con la misma sensación de cabreo de la etapa televisiva. Aún tendría ocasión de escuchar algo más lacerante. Fue en el transcurso de lo que se suponía que era una reunión de trabajo para un asunto relacionado también con la columna que escribía. En un momento de la conversación, el tipo que tenía sentado delante me ‘comentó’ lo sorprendente que le resultaba constatar lo ‘poco liberal’ que era yo en la realidad comparada con lo ‘abierta y liberal’ que parecía en mis columnas. Fue una observación que hizo pocos minutos después de que yo me negase rotundamente a mantener contacto físico con él.  

     

    Hasta la figa punto com

    Lo único positivo de haber vivido situaciones como las descritas es que aprendes por dónde van algunos y, sobre todo, aprendes por dónde no vas a caminar tú ni bajo palio. En mi caso, me hizo adquirir un compromiso personal de no permitir jamás que nadie minusvalorase, despreciase, manchase o desprestigiase mi trabajo utilizando mi condición femenina. Un compromiso que hace que se me abran las carnes frente a las  ‘observaciones’ que a diario enlodan la profesionalidad de muchas mujeres. En el ámbito que sea, en el escalafón que sea, en el contexto que sea: siempre se encuentra alguien con la testosterona mal distribuida que se arroga el derecho de sembrar sospechas sobre la capacidad de una mujer. A veces, incluso, ante lo ‘inconcebible’ (para estas personas) de que una mujer triunfe profesionalmente, llegan a asimilar (o justificar) su logro a una presencia masculina: marido, jefe, mentor, entrenador. Otras veces se pone en ‘valor’ su maternidad como si fuera un plus, con asombro, como si una mujer que ha sido madre se hubiese echado a perder y su recuperación profesional fuese algo tan extraordinario que es digno de mención. Es muy, muy, muy, muy, muy, muy, muy cansino, de verdad. Resulta agotador. Se nos termina la paciencia. Se nos aceleran los pulsos de indignación por enfrentarnos a lo mismo siglo tras siglo. Estos días está siendo especialmente lamentable la cobertura de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, la forma frívola y sexista en la que demasiados medios están informando sobre la actuación de las deportistas pasará a la historia del no-periodismo. “La sonrisa de oro”, “la mujerona”, “la más bonita”, “las curvas de”, “el novio es su pasión”, “está más delgada”, “se pinta las uñas”, "el trío de las gorditas", "ganó la medalla gracias a su marido"... El mejor giro de guión frente a tanto despropósito informativo es la denuncia sistemática que se está haciendo de la cobertura realizada en algunos medios sobre las deportistas que han ido a #Río2016. Ninguna ha llegado hasta allí por su aspecto, ni por haber sido madre, ni por tener un novio/marido estupendo. Las que han llegado a las Olimpiadas se han ganado el derecho a estar ahí. Han entrenado incansablemente, han trabajado durísimo durante meses, y se dejan la piel en la competición, exactamente igual que los hombres, que son ‘dioses olímpicos’ para la prensa deportiva. Así que un respeto a todas ellas, a su profesionalidad, a su trabajo, a su esfuerzo, y a su dignidad. 

    ¿Te sumas al hashtag #CollejaOlímpica para denunciar titulares sexistas en Río?

    No son "buenorras", son deportistas

    Periodismo sexista fuera de juego

    Los 10 titulares más machistas de los Juegos Olimpicos (en la sección de moda de El País)

    Sexismo y sobreadjetivación: Cómo trata la prensa deportiva a las mujeres 

    Aesthetics, athletics and the olympics

     

    10 responses to “La presentadora de TV que tenía las tetas caídas

    1. Ay Fani! Qué suerte tener a una fanigrande dispuesta a decir alto , claro y tan bien dicho lo que hemos sentido, sufrido y pensando millones de poseedoras de un par de tetas…
      Gracias, una semana más ,por poner voz a tanto grito mudo!

    2. Tu apellido te viene perfecto. Eres muy GRANDE Fani. Cualquier persona que haya trabajado en medios, es perfecto conocedor de lo que cuentas… Y demasiadas veces.

    3. Conozco el tema. Y he demostrado que yo aplico el lema olímpico: Citius, altius, fortius. Ningún hombre puede llegar más rápido, más alto y más fuerte que yo , en mi especialidad. Iguales sí, superiores no.

    4. Que gusto levantarme pronto, hacerme un cafe y tomarlo leyendo esta columna. Hoy me ha gustado especialmente. Quizá por cercana, por ser hechos que yo también he vivido ( quizá no en primera persona pero sī en personas muy cercanas), porque sigue pasando y porque por mucho que sigan, el feminismo es necesario. Gracias Fani por estar ahí para recordar que aún hoy tenemos muchas cosas por las que seguir luchando. Besos

    5. Fani m’has fet reviure moments semblants que els ‘galls del corral’ de C9 d’aleshores feien continuament. Sense més opció a resoldre-ho que: o plantant cara i jugan-te un comiat fulminant o donar un pas enrere i ser de baix perfil o ‘estreta’ o polèmica o incomoda…
      Gràcies per l’exel.lent article, no és que siga una qüestió masclista, és estupidesa supina barrejada amb dosi d’impunitat.

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