Un verano diferente (X)

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  • Por la ventana

    Sólo ella esperaba asomada a la ventana. Le había visto marchar. Y ahí estaba, oteando el infinito, escrutando el horizonte que se fundía con el azul del mar. Día y noche, ella esperaba. Habían pasado la noche juntos, como tantas otras, como todas en los últimos dos años, los últimos. Habían compartido sueños y lágrimas, juegos y dolores. Habían llegado a ser tan cómplices que su olor se había confundido, eran uno en el aire que se respiraba con miedo, en aquel verano del coronavirus.

    Asomada en el alféizar de la ventana, espera. Sólo ella sigue esperando. Porque le vio marchar en aquél terrible día que sucedió a la espantosa noche. Aquella noche de dolor y resistencia, de desesperación y rendición. Porque ella fue quien le acompañó despierta aquella infinita noche en que la primera luz del alba se lo llevó.

    Aquél tórrido verano se le heló el corazón. Le sintió en sueños, cuando la despertó para despedirse, para desparecer para siempre de su ir y venir, de su querer y sufrir, de su penúltimo infierno. Pero ella estuvo allí, junto a él, para que no se sintiera solo en su última determinación…, aunque nunca llegara a saber que iba a ser la última.

    Porque no le iba a perdonar. Y aún le espera. Porque le vio marcharse desde la ventana. Y espera que haga el camino de vuelta. Pese a aquella terrible noche a la que le sucedió el día… y una sucesión de días interminables y sin sentido.

    Mientras mira fijamente su vacío en el sofá y vuelve a asomarse a la ventana. Y se sienta de nuevo y huele, aún, el olor en que se fundieron durante los últimos dos años, los últimos días…, en los que él decidió marchar. O no.

    Aquél temible día no se iba a celebrar ningún cumpleaños. Y él no lo sabía. O lo sabía. Y por eso esperó a marcharse con la primera luz de ese sol rojo y amarillo que sigue asomado a la ventana. El que ya no le acariciará… Como esas caricias olvidadas y añoradas, perdidas en las lágrimas que nunca se vertieron…

    Aquél verano del 20 fue diferente, todo sería ya diferente… Lo pasé mirando a la ventana que se erguía sobre la terraza. Pero nunca más se abrió. En su lugar, una sombra blanca se erguía desde el otro lado, esperando, con la esperanza de quien no sabe o no quiere saber, con la ilusión con que se visten los sueños.

    En aquel momento quise ser consciente con el coraje que requiere el conocimiento de la realidad. Pero era pronto, era verano y todo estaba por llegar. Los sueños seguirían trayéndole a esta orilla. Las esperanzas seguirían asomándose por la ventana. Y el camino desaparecería en el horizonte, como él se desvanecía en cada estrella fugaz de la noche de San Lorenzo. El verano del 2020 no sólo me robaron los abrazos y las sonrisas… También me robaron el adiós.

    Por Regina Laguna (Bruselas)

    @ReginaLaguna 

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    #UnVeranoDiferente 

     

    Foto Regina

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