Ponme la mano aquí, Macorina.

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  • Es curioso, el primer elemento del que tomas conciencia al hablar en público no es el público, es tu propio cuerpo. Tu cuerpo, esa envoltura musculósea que te envuelve y que habitas, el armazón con el que vas y vienes, ese que vistes y desvistes cada día como lo más normal del mundo, ajeno a los más de seiscientos músculos y los doscientos seis huesos en los que se emparran arterias, venas etc, etc... Tus manos, por ejemplo, cobran una presencia enorme de repente, que hasta te das cuenta que tienes dos. Dos manos, con cinco dedos cada una, con las que no sabes del todo qué hacer porque, hasta entonces, no te habías parado a pensar en el movimiento y la velocidad que llevaban. Tomas conciencia de, si las mueves demasiado rápido o lento, o de si van hacia arriba o hacia abajo, o si viajan con demasiada frecuencia a tu nariz, o a otra parte más incómoda de tu cuerpo... Por no hablar de cuando, esas dos manos, por una fuerza extraña y misteriosa, se te quedan metidas en los bolsillos, jugueteando los diez dedos con alguna de esas pelotillas de pelusa que crecen nadie sabe cómo en las uves de los bolsillos de los pantalones y en las esquinas de las chaquetas (y da igual si son viejas o nuevas). Nada personal contra las pelusillas de los bolsillos, palabra; sólo que no es del todo recomendable que te quedes mucho rato haciendo recuento de ellas, si estás delante de un público y quieres convencerles de algún argumento: pensarán que estás escondiendo algo y tardarán cero-coma en cambiar de canal. No, no es compatible la búsqueda de pelotillas con la comunicación eficaz. A menos que te saques una bien hermosa y la compartas con el público porque tu intervención trata sobre "La increíble vida secreta de las bolitas de pelusa en las esquinas de los bolsillos de mi chaqueta". Entonces sí. Si justificas el movimiento de tus manos en tu discurso y lo integras en él, cualquier movimiento que hagas será bienvenido porque será 'de verdad', y la verdad, en comunicación, siempre es eficaz. Podrá gustar más o menos, pero será.  

    Otra parte del cuerpo sobre la que se toma conciencia de repente y que se puede volver incómoda al hablar en público es la mirada. Ya sé que 'mirada' no es una parte del cuerpo, que son los ojos, pero en comunicación, la mirada es una unidad. Menos si eres un camaleón, claro, pero entonces aplicaríamos otra teoría comunicativa que podríamos explorar ahora mismo pero que dejaré para otro post porque querrás hacer algo más que leer este post, que yo me conozco y si me pongo a improvisar sobre un ojo que va para arriba, y otro hacia abajo, y las múltiples posibilidades que proporciona tener una visión de 360º de la realidad, combinada esta opción con la posibilidad de cambiar tu color de outfit según el escenario en el que estés... Esteee, decía, entonces, que, si eres humano y tienes una visión binocular, quizás te costará sostenerla cuando no conozcas a quien tienes enfrente, por eso algunas personas eligen leer cuando van a dirigirse a un público, porque el papel es un elemento bastante más seguro y apacible que la mirada del otro. Entre leer y sentirse seguro, y mirar al otro y sentirse en riesgo, yo elijo lo segundo. La mirada del otro puede ser un riesgo, sí, y también una aventura extraordinaria y enriquecedora. Tú nunca sabes de antemano cómo va a recibirte el público (el otro), y por mucha experiencia que tengas siempre desasosiega verse reflejado en el otro, en ese feedback instantáneo de ti mismo que te da quien te 've' por vez primera. Pero, de ese vértigo te salva lo mismo que te salva de las pelotillas de pelusa: tu 'verdad', aquello que sea lo que te haya empujado a ponerte delante de un público en ese momento de tu vida (y de la vida de los demás), para compartir eso que has decidido compartir en ese preciso momento y no en otro. Ese motivo auténtico, único y legítimo de ser y estar ahí hará que tu mirada deje de resultarte un problema y que contactes visualmente con las personas que tienes delante de una manera honesta y sin artificios. Y podrás gustarles más o menos, pero comunicar, te digo yo que comunicarás. 

    Y otro día hablamos de cómo respirar para combatir el temblor de voz cuando emites las primeras palabras...¡Ay! 

     

     

    (Por si te apetece ampliar info sobre 'cómo hablar en público', puedes cliclic en #LeeHablaAprende)

    También puedes escuchar este post ;-)

     

    2 responses to “Ponme la mano aquí, Macorina.

    1. Fantástico fémur…Me ha encantado esta primera aproximación a tan ardua cuestión!!!Rápido, el siguiente capítulo….Se nos hará eterna la semana!

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