Compasión

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  • “El mundo está peor que cuando lo comencé a describir. Está mucho peor y sobre todo mucho más confuso, corrupto, turbio. Está peor, creo, desde el punto de vista de la compasión”. Maruja Torres (Contarlo para  no olvidar)

     

    Justo a mediados de semana me enteré de que la palabra compasión es la traducción latina del griego del vocablo simpatía. Y que simpatía significaba en su momento: sufrir juntos; exactamente lo mismo que contiene ahora compasión: el sentimiento de acompañar el sufrimiento del otro. Me fascina que dos palabras con igual significado hayan seguido caminos narrativos tan diferentes desde su llegada al discurso. La simpatía es una palabra muy habitual, utilizada en el día a día para describir a las personas, tiene un excelente marketing y se ha convertido en un vocablo apetecible. ¿Quién no desea ser descrito como alguien simpático?... Compasión es un término bastante menos presente en el menú de vocablos consumido y raras veces se asoma al discurso cotidiano para describir a las personas. Si alguien te adjetiva como simpática, seguramente sonrías complacida, si se refieren a ti como compasiva, quizás te preguntes durante unos segundos qué has hecho tú para merecerlo (el adjetivo). Yo tengo la teoría de que la primera palabra que eliges al hablar, esa por la que empiezas la narración (entendiendo por narración una conversación entre amigos, una entrevista, o una conferencia) te lleva a un relato u otro y, en consecuencia, a un resultado u otro. Protagonista e historia tendrán finales diferentes si la primera frase es: “Eva era una mujer compasiva”, o “Eva era una mujer simpática”. Son dos mundos.

    Otra de las cosas que me ha llamado la atención sobre la compasión es lo mucho que se parece a con-pasión. He pasado media mañana de un día de esta semana diciendo en voz alta y rápido compasión y con-pasión para ver en qué momento la m de la primera mutaba en n o viceversa, y compasión y con-pasión se hacían una como cuando el verbo se hizo carne, que es algo inexplicable pero que se sabe de qué va. Ya me sucedió con libro y libre, que sólo cambian en una letra, que dices... Wow!... ¿Sabes que otra cosa me ha sorprendido sobre la compasión?... Saber que, según la neurociencia, estamos genéticamente preparados para ella, para sentirla y para ejecutarla, en el sentido programático del término. Esto quiere decir que no hace falta meditar catorce horas para activar las áreas del cerebro dónde vive la compasión. Que vengamos compasivos de serie significa que tenemos dentro el engranaje suficiente para acompañar a otra persona en su padecer y que no necesitamos adquirirlo ni descargarlo de una app. Ser compasivos es una elección personal, una práctica estupenda que incrementa la longevidad.

    ¿Sabes qué más me ha sorprendido sobre lo que la neurociencia cuenta?...  El filósofo David Hume ya lo dijo en su momento. “Hume cree que no hay nada más útil que el sentimiento de compasión, o la benevolencia, similar a aquella y que es la raíz de todas las virtudes sociales, como la amabilidad, la generosidad, la amistad, la beneficencia, la gratitud, la sociabilidad”. El filósofo, ademas, hizo descansar su concepción de moralidad sobre la palabra simpatía. “Si algo hay en los humanos que explica la existencia de una ética basada en la obligación de no hacerse daño y respetarse mutuamente, es ese sentimiento que nos vincula con los semejantes, que lleva a compadecerse de los que sufren, así como a alegrarse de su buena suerte, hasta el punto de que la inhumanidad y la falta de compasión son la misma cosa”. Así empieza el Capítulo 6: La compasión frente a la justicia, de la Catedrática de Filosofía Moral y Política de la UAB, Victoria Camps, en el libro El Gobierno de las emociones, otro de los inputs que he tenido esta semana.

    He leído con-pasión todo el capítulo en el que aparecía la compasión para saciar la urgencia por saber más de un concepto que había emergido en mi campo semántico como asoma un trozo de cerámica en medio de un yacimiento cuando llevas muchas horas de búsqueda y ves de repente que se para todo el run-run de la excavación y se interrumpe  cualquier actividad hasta sacar el hallazgo... Que, de pronto, entra una luz súper potente en el lugar, esa luz solar que da vida a las estancias y a las partículas en suspensión... Y, entonces, va la arqueóloga que está al mando de la excavación, se saca un cepillito de pelo suave que llevaba sujeto en la cinta del sombrero y mira arrobada hacia el suelo arcilloso, rojizo y ocre, y se arrodilla delante del fragmento terroso que asoma... Que se agacha y se quita el sombrero dejándolo a un lado con los ojos húmedos, y que se seca el sudor de la frente con un pañuelo de algodón egipcio de color blanco nuclear, que no sabes cómo narices está blanco con la cantidad de polvo que hay suspendido allí... Que se ajusta las gafas, se inclina  sobre sus rodilla y que empieza a cepillar la superficie con la misma delicadeza con la que Miguel Ángel pintó la uña de Dios en la bóveda la Capilla Sixtina mientras Philippe Jaroussky interpreta Lascia ch'io pianga de Hendel y las partículas de arena se mezclan con las partículas que bambaban en la luz... Y que, entonces, atronadora, se escucha la voz de la Diosa de las Cerámicas Enterradas y le dice a la arqueóloga que...

    Madre mía... Perdona, que se me ha ido la olla por completo. Sólo quería explicare lo emocionante que ha sido para mí reencontrarme con la palabra compasión a mediados de semana y descubrirle contenidos tan sugerentes e inspiradores. Y me he dejado llevar... Ya me pasó lo mismo este viernes en Wayco Valencia, en la charla que di con Creative Mornings, donde me habían invitado justo para hablar sobre la compasión, el tema del mes. Mira que empecé bien, todo super guai, muy encarriladito, que si los clásicos, que si la PNL, que si las energías arquetípicas, que si Karen Armstron y su Carta de la Compasión, que si el estudio del cerebro del Dalai Lama cuando medita, que se le activan todas las zonas de la compasión en el cerebro... Que si Bambino, que si la RAE... Y, al final, acabé con mis melonadas, queriendo demostrar cómo aplicar la compasión con pasión en el ámbito profesional de cada persona... ¿Que no llegué a defender que se puede aplicar la compasión a cualquier proyecto profesional?... ¿Pero a quién se le ocurre relacionar compasión y empresa?... ¿Qué será lo siguiente?... ¿Compasión y política?... ¿Pedirle a quien gobierne que se acompasione con los padecimientos de la ciudadanía?... Mejor no sigo por ahí, que acabaré con un nudo en la garganta como acabamos el viernes después de ver este corto. Te lo dejo, por si te apetece acurrucarte con el café durante unos minutos en el abrazo que contiene esta historia mientras esperamos que todos los significados de la palabra compasión se activen en el día histórico que vamos a vivir hoy. 

     

     

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