Vivir en San Olaf

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  • Antes de compartir la mansión de “Las Chicas de Oro” en Miami con Blanche Deveraux, Dorothy Zbornak, y Sophia Petrillo, Rose Nylund había vivido en San Olaf, un pueblito americo-noruego ubicado en Minnesota y al que se accede en burro o a pie pues el último tramo tiene forma de tobogán. San Olaf fue fundado por un hombre que tuvo la idea de enlatar el atún en su propio jugo, algo que conmemoran cada año con un desfile disfrazándose de latas de atún y tarros de mayonesa. En San Olaf también se celebra con gran emoción la Fiesta del Heno, la Fiesta de los Esturiones Danzantes, y la Fiesta de la Harina, en la que se disfrazan de sándwich. San Olaf es un lugar dónde sucede lo “insucedible” en otros lugares: hay vacas que se sientan en taburetes para ser ordeñadas, cerdos de un ojo, carreras de toboganes, juegos de Monopoly con una sola calle... Tienen hasta un snak tradicional que data de la época vikinga para comer a media noche llamado Sverhoeven Crispies. Y una variante del escondite sólo para adultos llamada Ugel and Flugel. Cuentan incluso con su propio código de conducta: “Si usas una pistola, ve y discúlpate”... Pero, sin lugar a dudas, la máxima atracción de San Olaf es un enoooorrrrme Agujero Negro que hay en el pueblo y que hace las delicias de sus habitantes, un lugar en torno al cual se reúnen siempre que pueden para disfrutar mirándolo.
    San Olaf me sirve para encontrar sentido a lo que sucede en España en algunos momentos en la misma proporción que me ayuda a cuidar la salud, pues la otra opción es graparme el hígado cada día a primera hora para que no me salga por la boca al grito de ¡¡¡¡bastaaaaa!!!!... Únicamente en San Olaf podría cobrar sentido la rueda de prensa dada por Carlos Dívar, el Presidente del Consejo General del Poder Judicial y del Tribunal Supremo, y máximo representante de uno de los poderes del Estado. Sólo en San Olaf sería posible que los hoteles de cuatro estrellas no fueran de lujo, o que los viajes privados en fin de semana, a “todo séquito”, pagados a escote por el contribuyente, fueran viajes oficiales con sus correspondientes gastos de representación. Y que se prometiera con toda solemnidad una Ley de Transparencia a la vez que se oscurecería en ese mismo instante los hechos que deberían estar siendo esclarecidos. Sólo en San Olaf se convocaría a los periodistas para no responder a sus preguntas porque los actos por los que preguntan tienen “carácter reservado”. En vez de estar en la sede del Consejo General del Poder Judicial, coge Dívar, se planta delante del Agujero Negro de San Olaf, y suelta eso de que “tenía que tomar contacto directo con la realidad del momento” cuando le preguntaron por qué viajaba tanto a Marbella los fines de semana, y hasta me lo creo, mira qué te digo.

    10 responses to “Vivir en San Olaf

    1. la verdad es que no sé qué se le podría hacer al señor dívar, si se pusiera a jugar a eso del 'ugel and flugel'… aunque se me ocurren unas cuantas cosas. bueno, no sé lo que se le podría hacer, digo, pero déjeme, señorita grande, imaginar al menos una: ¡¡¡pegarle una buena patada en el agujero negro!!! (sin dolor, conste, que uno es más de la línea gandhi, pero con la potencia suficiente para que le haga dejar ese lindo puesto que ocupa con cargo a los presupuestos.)
      r.
      ps: ¿me diría dónde encuentra usted historias tan alucinantes -no digo la de dívar, que ésa lo es, lo mires por donde lo mires- como la de san olaf?

    2. Queda posat a l'aparador, altre cop, els tripijocs, corrupteles, INdemocràcies, tràfics, … d'aquest pais del costat i també del nostre. En poques línies, com sempre, exposes el que seria de "justicia" processar. Gràcies Fani! #fandefanigrande

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