Mila Font y Arantxa Abril o cómo ayudar a que no olvidemos a las personas refugiadas

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  • Había quedado en la Plaza de la Virgen de Valencia con Mila Font, la Delegada de MSF en Valencia para otra entrega de #ElFémurDeEllas Tuvimos la suerte de que se uniese a la conversación Arantxa Abril, matrona en MSF, que conmovió al público del Teatro Olympia el pasado martes con su testimonio. Buscamos un lugar tranquilo, pedimos unos cafés, y surgió esta conversación con dos mujeres con voz propia, comprometidas, valientes y con un empeño personal y profesional en que las personas refugiadas no caigan en el olvido. Espero que disfrutes del encuentro tanto como yo.

    ¿Desde cuándo en MSF?

    Mila: Empecé en el 1994. Tuve la suerte de trabajar en uno de los proyectos más duros y difíciles, pero donde veías para qué servia nuestro trabajo, fue en el genocidio de Ruanda. Mi formación de economista me llevo trabajar con MSF a trabajar en la parte que no conocía, la de gestión de los recursos que se necesitan para poner en marcha las intervenciones allá donde haga falta. La de Ruanda era una operación muy grande, había campos que se crearon en la frontera con Tanzania, con 250.000 personas, que era el campo de refugiados más grande del mundo. No había nada, y de repente, miles de personas que huían del genocidio encontraron un lugar. Vi una persona con perfil económico, podía contribuir mucho al trabajo de los demás, toda esa parte de gestión es vital. En MSF, el 50%, son sanitarios y el otro 50% no lo son, y dentro de los sanitarios, el colectivo más grande es el de enfermería, mucho más numeroso que el colectivo médico. La logística es fundamental para que el personal sanitario pueda estar donde hace falta, sobre todo en zonas de conflicto, cuando el sistema de salud de reduce, o colapsa, como es el caso de las guerras. La mayor mortalidad en las guerras se da por causas más ‘normales’. Enfermedades crónicas, por ejemplo... También se deja de vacunar a los menores...

    Arantxa: Yo empecé en 2010 en MSF, pero ya había colaborado en otras ONGs. Empecé como matrona de terreno formando a otras matronas en los países donde trabaje, en Zambia, en un proyecto de salud reproductiva y prevención del SIDA. He estado en Sudan del Sur, en Irak, en Siria, en Grecia, y en Etiopía.

    Mila Font¿Son las mismas guerras con diferentes collares?

    Mila: Son guerras muy similares, sobre todo muy similares en el efecto que tienen sobre la población. El nivel de sufrimiento humano que vimos en las guerras de hace unos años al de ahora es similar o incluso, ahora, mucho superior. Las víctimas de la Primera Guerra mundial, el 90% eran soldados, en la segunda era ya un 50% población civil, 50% combatientes... Ahora, en Yemen, en Sudán del Sur, en la República Democrática del Congo, las víctimas mayoritariamente son población civil, mas el efecto que tienen esas guerras en el sistema de salud, que hace que aumenten las necesidades sanitarias. El nivel de sufrimiento humano es enorme. Y lo que vemos es que algunos dirigentes prefieren mirar hacia otro lado que enterarse de este sufrimiento. 

    ¿Cuál es tu experiencia con las mujeres en estas zonas de conflicto y en los campos de refugiados?

    Arantxa: El día a día es peor incluso de lo que puedas imaginar... Se dan situaciones que, si las piensas, crees que no pueden ser ciertas. En las guerras, casi siempre, son las mujeres quienes se llevan la peor parte. La mujer es siempre la más golpeada en todos los lados, en muchos países por la religión, por la misma cultura, la mujer queda relegada, ni siquiera pueden tomar decisiones sobre sus propia salud. Lo que más me emociona y me conmueve es ver como, en estas situaciones tan tortuosas, las mujeres encuentran la manera de ayudarse unas a otras. En conflictos donde han sido objeto de repetidas violaciones, y de maltratos impensables, son capaces de levantarse, de querer ayudar, de organizarse, de crear grupos de ayuda para acompañar a otras mujeres, y eso a mí me parece alucinante. Es una fuerza enorme la que tienen, y que las hace seguir adelante con este apoyo y seguir luchando por sobrevivir y salir de esas zonas.

    ¿El Derecho de Asilo ya no es un Derecho?

    Mila: Si miramos la realidad de esas personas que tendrían derecho al asilo, es un derecho que no se está cumpliendo y que no hay mecanismos para asegurar que se ponga en marcha. Desde MSF pusimos en marcha esta operación en el Mediterráneo central, que ha sido una operación diferente a lo que habíamos hecho hasta ahora, que siempre habíamos trabajado en tierra. Pensábamos que esas vidas tienen que ser salvadas, el Mediterráneo es la frontera más letal del mundo, y pensamos que no sólo hay que estar allí rescatando a las personas, porque quien debería hacerlo ha decidido centrar sus esfuerzos en defender nuestras fronteras y no en rescatar y salvar a personas. Estamos allí como respuesta a la inacción de la UE en esta crisis humanitaria. Y no solo tenemos que hacer esta asistencia sino también tenemos que denunciarla. Si MSF está en alguna parte del mundo es una mala señal, significa que alguien no está haciendo su trabajo. La única buena señal es por esos miles de personas que nos están apoyando... La única.

    ¿Cómo te sentiste el día que MSF decidió renunciar a los fondos de la UE en materia de migración?

    Arantxa: Me sentí mal cuando supe lo que la UE estaba proponiendo. Me sentí fatal sabiendo que países muy pobres están acogiendo el mayor número de refugiados. Y ver que, ante un número tan pequeño de refugiados, la Unión Europea daba esta respuesta, me hizo sentir mucho enfado. La respuesta de MSF me hizo sentir bien, porque quienes trabajamos aquí compartimos muchos valores y nos los creemos, y hay que ser coherente. Fue una decisión muy dura porque es mucho dinero... Dinero con el que podríamos hacer muchas cosas, pero es un dinero sucio. La UE tiene que dar solución a esta crisis humanitaria y aceptar ese dinero suponía convertirnos en cómplices de esta gran masacre. Creo que fue una decisión difícil de tomar, pero que era la única decisión posible.

    La campaña #SeguirConVida apela a la empatía. ¿Tan importante es que las personas nos pongamos en el lugar del otro?

    Mila: Con esta campaña, lo que queremos conseguir es mostrar la realidad que viven estas personas, lo que hemos intentado hacer es utilizar las mejores tecnologías que hay, esa tecnología es la realidad virtual, y acercamos esa realidad a través de esta realidad virtual. No queremos dejarlo sólo en eso, sino también incidir en cuales son los principales problemas que sufren las personas en las guerras a través de testimonio de trabajadores de MSF valencianos que estarán aquí estos días en la Plaza de la Virgen, explicando su trabajo en las zonas de conflicto. Y también a través de fotografías con historias de esos pacientes a las que estamos ayudando en eso países. Contamos con la colaboración de los fotoperiodistas Agus morales y Anna Surinyach, del colectivo 5W. Hemos montado las tiendas 'trigano' reales que utilizamos, hemos recreado en la Plaza de la Virgen un hospital de campaña como en Sudán del Sur o en República Centroafricana. Y lo que es importante contar es que hay un microsite en Internet con información de esas personas para no quedarnos sólo en los números, hay una historia personal que hay que contar detrás de cada imagen.

    Arantxa¿Cómo fue tu experiencia en Siria?

    Arantxa: En Siria fue muy difícil... Miles de civiles sufriendo las consecuencias directas de las guerras, las principales víctimas son personas totalmente inocentes. Esta semana ha habido un ataque químico y otra vez las víctimas se encuentran en la población civil. Además, se bombardeó el hospital donde muchas personas fueron a recibir asistencia médica, que es algo que vemos mucho en los conflictos en los que trabajamos. En Siria, en 2016, llevamos más de 100 hospitales de MSF bombardeados, y muchos otros que quizás no sabemos que lo han sido. Vuelves a ver una vez más que son los civiles los más afectados... En Alepo, por ejemplo, hemos tenido una gran dificultad en llevar a cabo los proyectos porque te encuentras una población totalmente rodeada entre diferentes frentes de ataque sin posibilidad de escapar y sin posibilidad de recibir ayuda, y a la vez sin tener posibilidad de tener acceso a comida. Y vemos un país rico en alimentos como Siria, que no es un país desértico con difícil acceso al agua, por ejemplo, vemos poblaciones enteras en algunas zonas que están mal nutridas simplemente por la dificultad para acceder a los alimentos... La dinámica de la guerra ha hecho que tengamos que adaptar nuestras estrategias, hasta 2013 teníamos una implicación directa todos los equipos que estábamos allí, pero desde 2013, por la situación de inseguridad, hemos tenido que desarrollar un estrategias que llamamos de “control remoto”, porque Siria tiene profesionales muy bien formados, y son ellos quienes están al frente de esos hospitales, el personal internacional estamos dando todo el apoyo logístico que comentaba Mila antes, y facilitando el trabajo para que ellos tengan los medios que necesitan en diferentes lugares.

    MSF es una organización de médicos que rescata a personas del mar. ¿Cómo ha afectado esta realidad del Mediterráneo a la estrategia de la organización?

    Mila: Nuestras operaciones en el Mediterráneo ha sido también como empezar de cero. Poner en marcha un barco, con todo lo que eso supone... Hemos tenido que aprender a trabajar con tripulaciones, que no tienen nada que ver con el mundo humanitario y unirlo a un equipo de MSF que no había trabajado en el Mar... Y si pensamos en las 40.000 personas rescatadas, el esfuerzo ha merecido muchísimo la pena porque son muchas personas salvadas de morir ahogadas... Muchos de nuestros equipos lo que viven es que, ese momento que están en el barco, es una forma de devolverles la dignidad a muchas personas, aunque sólo sea ese instante, hasta que los dejamos en Italia, y ya no sabemos qué va a pasar después... Y eso es algo muy duro para quienes los rescatan en el mar, porque ya no saben qué va a pasar con esas personas, si los van a meter en un avión dentro de dos días y los van a devolver a sus casas... ¿A qué casas?... O que continúen en campos o en centros de retención, que no son cárceles pero que se les parecen mucho.

    Los rescatáis del mar y luego se 'pierden' muchos menores en suelo europeo. 

    Arantxa: Es una realidad terrible que vemos, sí. Cerca del 90% de los niños llegan solos a Europa. Y en los campos de refugiados de la UE tampoco damos respuesta a las necesidades de estos niños, que tienen unas necesidades especiales, y no se les tiene en cuenta... Tenemos muchos menores huérfanos, que han perdido a todos sus seres queridos en los conflictos, y luego encontramos menores que han sido ‘enviados’ por las familias, que sólo han podido pagar un billete a un miembro de la familia, a las mafias muchas veces, esperando que encuentre un futuro en Europa... Imagínate esas familias, meter a su hijo en un viaje así, con la incertidumbre y la desesperación de unos padres, qué no saben qué va a suceder... La mayoría de personas que llegan a una patera han sufrido abusos, sexuales sobre todo, han sufrido torturas y penalidades antes de subir a esas pateras... Y aún les espera un viaje de incertidumbre en el Mediterráneo, y otro en Europa. Es algo terrible...

    ¿Las personas refugiadas son un negocio?

    Mila: Para las mafias, sí. Lo que está ocurriendo ahora mismo es que las políticas de la UE están dando mucho dinero a ganar a esas mafias. Si existiesen mecanismos, vías legales y seguras de poder pedir esa protección y ese derecho al asilo que tienen esas personas, más de un 80% de esas personas tendrían derecho a esa protección, y a las mafias se les acabaría el negocio... No podemos dejar de pensar por qué está pasando esto, y si lo analizamos bien, vemos que no hay otra manera de llegar a Europa si no es utilizando estás vías. También es importante mencionar que MSF ha dejado de recibir fondos como una decisión al Acuerdo de Turquía, el efecto de este acuerdo ha sido terrible: no se están ofreciendo alternativas a las personas que quieren salir de esos países, y también vemos que ese ‘limbo’ en el que hay ahora 60.000 personas en Grecia, han aumentado los casos de depresión, de suicido, de autolesiones... Vemos que ese acuerdo no es una historia de éxito como nos cuenta la UE, es una historia de horror para todas esas personas.

    ¿Cómo se atiende a esas ‘heridas’ psíquicas?

    Arantxa: En MSF siempre hay un equipo de salud mental, porque casi siempre es mas difícil tratar estos problemas que los problemas físicos. Y muchas veces hay más ayuda destinada a cirugía que a salud mental. Nuestros equipos, por ejemplo, en Siria: teníamos equipos de psicólogos tratando a pacientes, pero también tratando a nuestros personal, a nuestros compañeros locales, que están tratando a personas que pueden ser sus familiares o conocidos, y esto tiene un impacto emocional para nuestros equipos que hay que tener en cuenta. Esas personas salen de un conflicto, con una trayectoria de abusos, de torturas, de mafias dónde lo han perdido todo el dinero, y esperan llegar a Europa, para tener una vida sencilla, y se encuentran en sitios sin acceso ni siquiera a comida caliente.... Es cierto que para esas personas, el impacto del acuerdo con Turquía, tras años de desesperación y dolor, y cuando la última esperanza de llegar a la UE se pierde... Son personas que se derrumban. Hay muchos casos de depresión, y un aumentado de los casos de violencia de género en los campos de refugiados.

    ¿Cuándo vuelves y ves el relato que se hace de todo esto aquí, qué piensas?

    Aranxta: A veces pienso que estamos muy desinformados... Yemen o el Congo, ha registrado más víctimas que la Segunda Guerra Mundial, o República Centroafricana, y no se informa. Son conflictos olvidados, por eso nuestro compromiso desde MSF para que se hable de ellos. De los que se habla, como Siria o el Mediterráneo, ves que la información llega a trozos, no llega toda la información... Sucede también que muchos periodistas han sido víctimas de estos conflictos, por ejemplo en Siria,  profesionales que optaron por contar la guerra en primera persona han perdido la vida. Y me da la sensación de que es noticia hoy y mañana ya se ha olvidado. El ataque químico a Siria de estos días, dentro de una semana ya no se acordará nadie... Es como que la gente se conmociona pero eso no provoca una acción directa luego... 

    ¿Qué podríamos hacer para que esto cambie?

    Mila: Esta campaña es nuestra forma de colaborar a que se siga hablando y conociendo estos conflictos. En la instalación que hemos montado ahora en Valencia... Por desgracia, el éxodo de Siria es peor, y Sudan del Sur sigue en conflicto. Además de visitar la Web yo invito a que las personas que conocen esta realidad lo cuenten, que lo expliquen a su círculo, a sus amigos... Para nosotros es una buena noticia que, en los años de más crisis económica, la gente haya seguido donando a nuestra organización, y lo que le pedimos a todo el mundo es que comparta la información de #SeguirConVida.

    ¿Y con los dirigentes de la UE qué hacemos?

    Mila: La agenda de estos dirigentes es muy cortoplacistas, la ciudadanía es la clave, tenemos que pedir a estos dirigentes reaccionen, y no sólo en clave de seguridad o en defensa de fronteras, sino en clave de ayuda. Las personas refugiadas necesitan esta asistencia y desde Europa tenemos la obligación de dársela. Hay que seguir presionando para que cambien sus políticas. Y es importante que los mensajes para crear miedo, caracterizando a esos refugiados como una amenaza. Si eres un terrorista, no te vas a meter en una patera, te vas pagar un billete de avión para llegar porque tendrás dinero... Las personas que nosotros rescatamos no tienen más opción que tirarse al mar antes que volver a su casa.

    ¿Te preguntan a menudo porqué vas a estos lugares?

    Aranxta: Sí, sí... Los amigos, sí. Mis padres, sobre todo, al principio. Es una preocupación porque saben que dónde voy, saben que existe riesgo. Ahora ya se ha normalizado, después de tantos años, y la pregunta es, ¿cuál es el siguiente destino?... Estoy de acuerdo con Mila en que hay que seguir contando y explicando qué sucede. En mi caso, ya se ha ‘normalizado’ que voy allí o allá, pero yo insisto en contar a los míos lo que he visto y vivido para conseguir justamente eso, que no se normalice lo que no es normal para tantas personas.

    ¿Qué nos falta por contar de #SeguirConVida?

    Mila: Pues algo que nos hace especial ilusión: el sábado por la mañana vamos a tener un encuentro con narradores orales de Valencia que van a venir a contar historias como “Érase una vez un refugiado”. Queremos que los más pequeños escuchen estas historias también.

    ¿La única esperanza de países como Siria es el retorno de las personas refugiadas?

    Arantxa: Ahora mismo es así... Un joven que se quede en Siria en este momento sólo puede matar. Si tu estas en una zona y no eres una persona violenta, pero vives en un lugar donde hay un bando, te van a pedir que te alistes con ellos. Y vas a tener que hacerlo porque ‘o te unes a mí, o te mato’. Con lo cual, la gente que huye del conflicto es gente que ha sido bombardeada y ha salido escapando, o gente sin más alternativa que matar. Por eso, con esas personas que están llegando a Europa tenemos una oportunidad de oro de acogerlas, y de tratarlas bien. Cuando vuelvan a su país, que es lo que más desean, lo van a reconstruir, y según les hayamos tratado, no se tratará únicamente de la reconstrucción de su país, sino de la relación que establezcamos nosotros con ese país. Creo que tenemos en nuestras manos la oportunidad de hacer algo importante con estas personas y ayudarlas.

     

     

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