Y de ahí, al #8M

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  • Sobremesa. Tres mujeres adultas. Conversación de partida: random. Ambiente de confianza. Tres copas de vino a mitad. La conversación fluye hacia temas más personales. Aumenta la complicidad. Se respira certeza de saberse escuchadas. Y no juzgadas. De las anécdotas de juventud loquísima viran a los afectos de juventud. Y de ahí, a los amores. Y de ahí, a los desengaños, a las traiciones y a las faltas de respeto. Y de ahí, a otros afectos con ellos. Y de ahí, a respirar hondo y vaciar una la copa de vino. Y de ahí, a iniciar ésta el relato de maltrato psicológico por parte de su exnovio. Y de ahí, a un silencio ahumado de (d)olor (h)a pasado. Y de ahí, a coger aire otra, y comenzar a soltar frases chiquititas, cortitas como cristalitos que te cortan los pies, si vas descalza. Y de ahí, a juntar las otras dos, con horror, los trocitos de la dramática historia. Y de ahí, a tomar forma sobre las migas del mantel la escena de violación y a ser seis ojos manando sal sobre un regazo. Y de ahí, a otro silencio de labios apretados. Y de ahí, a la tercera voz explicando, con tono ahogado, su agresión sexual ‘no culminada’, que significa que no terminó en violación, pero que casi terminó con su vida, de la paliza que le pegó. Y de ahí, a coger temblando entre los dedos una servilleta manchada de vino que le acercan para limpiarse las mejillas. Y de ahí, a fijar las miradas en la servilleta roja de vino y llanto vuelta a dejar encima de la mesa junto a la desoladora matemática de sumar tres de tres. Y de ahí, a quedar sobre la mesa tres relatos de maltrato, agresión y humillación. Y de ahí, a la desoladora constatación de la pesadilla compartida que ha marcado de por vida sus vidas y a un largo silencio de emoción. 

    Y de ahí, a traer relatos de otras sobremesas, de otras mujeres que también hablaron cuando se pudo hablar. Y de ahí, a traer a esta sobremesa otras escuchas, otros cristalitos, otras pesadillas compartidas y otras vidas marcadas de por vida. “Cada vez que lo cuento, hay una mujer que cuenta lo suyo”. “Somos muchísimas”. Dice una. “Si todas lo contáramos a la vez, el mundo no soportaría tanto dolor de golpe” Dice otra. “Yo, hasta que no oigo la puerta y entra mi hija, no toco la almohada”. Dice otra. “Yo creía que me mataba, ya me daba igual si me violaba, lo que quería era no morir dentro de aquel coche”. Dice una. “Yo aún tengo ganas de llorar cuando me acuerdo. Me costó tanto relajarme luego en la intimidad”. Dice otra. “Yo se lo conté a mi pareja y me ayudó mucho... Tenía miedo de decírselo y me dijo que se lo tenía que haber contado antes, que era mucha carga para mí sóla”. Dice la tercera. “Que bien”. Dice una. “Sí”. Dicen a la vez todas. “Yo denuncié y en el juicio me moría de miedo. Fue como volver a pasar por lo mismo, pero no estuve sola”. Dice una. “Que bien”. Dice una. “Sí, sola no sé si hubiese podido”. Dice. “Yo no lo denuncié, como no hubo violación”. Dice otra. “Los moretones los viví como violación también”. Dice. “Sí, sí”. Dicen las tres. “Contarlo ayuda”. Dice otra. “Suerte que nosotras lo podemos hablar”. “Sí”. “Nuestras madres, nuestras tías, nuestras abuelas y vecinas”. Dice otra. “Por ellas, no podemos callar”. Dice otra. “No. No vamos a callar”. Y de ahí, a llenar las tres copas y brindar por el final de los silencios. Y de ahí, al 8M. “Para que en las sobremesas, las mujeres, dejen de compartir pesadillas y compartan sueños, logros profesionales y muchas risas. Muchas. Muchas. Muchas”. Digo yo. 

     

     

     

     

    One response to “Y de ahí, al #8M

    1. Tuve madre, tuve hermana. tengo esposa, tengo hija y tengo nieta.
      Criado y madurado en un ambiente machista, nunca tuve sensación de hacer nada incorrecto.
      Muy tarde empecé a escuchar quejas familiares, y sentir una sensación de culpable que me ha avergonzado frecuentemente, aunque fuesen pequeñas faltas.
      Creo haber cambiado, no solo de actitud, sino de criterio. Lo debo a mi familia.
      Hoy no soy machista, creo y defiendo los derechos de la mujer con el pleno convencimiento de que son justos.
      ¡ Ojalá todos los hombres machistas reconozcan su error, o tengan una familia como la mía que se lo haga ver !
      Gracias Fani.

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