Supremacía Moral

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  • “Michelle, I’ve never loved you more....”, se arrancó Obama apenas empezar su discurso la otra noche en Chicago tras ganar las elecciones. Y aquí, esta junta-letras, acostumbrada al correoso esparto político mesetario, no pudo menos que suspirar. Fíjate este hombre, con cincuenta y un años, el mundo a sus pies, y ahí lo tienes, declarando el amor por su mujer más allá de la OTAN. No suelo creerme casi nada emitido por boca de un político, pero con Obama me dejo engatusar a ratos, lo confieso. El caso es que, mientras lo escuchaba, pensaba que en 1961, cuando nació el que ha sido el primer Presidente negro de los EEUU, todavía daban sus últimos coletazos las leyes estatales de Jim Crow (hasta 1965). Unas leyes segregacionistas, herederas de los Códigos Negros, que funcionaban de manera implacable bajo el sencillo lema impuesto de: “Separados pero iguales”. Un trinomio léxico, duro como el diamante con el que la Supremacía Blanca cortaba la realidad en dos sin lugar a equívoco. Sólo había que tener la precaución de mirarte el color de la piel al salir de casa cada mañana; si era de color oscuro, tenías que beber, sentarte, estudiar, comer, andar, y hacer tus necesidades donde ponía “Colored” (coloreado). Y elegir pareja de tu mismo tono. En eso consistía el segregacionismo, en tomar conciencia del grado de pigmentación de tu piel, y seguir las indicaciones. ¿Y eso como era posible?... Podría preguntar alguien que desconociese ese término y estuviese viendo a millones de personas aplaudir a Obama... Porque eran negros, responderíamos... ¿Y por eso no podían beber de la misma agua ni ir al mismo baño?... Podría insistir... Es que eran de otro color, tendríamos que responder... ¿Y contagiaban los negros la negritud?... Podría preguntar.... Nooooo, contestaríamos con aspaviento... ¿Y entonces?... Insistiría, quizás, ya en modo “no-lo-entiendo”... Y entonces, nada, se les apartaba y punto, era lo ‘natural’, y lo natural era la ley.
    El incremento de aplausos con la aparición de Michelle, Sasha y Malia al finalizar el discurso, me sacó del absurdo racista. Los veía abrazarse y no me costó contagiarme de su alegría pues aún me duraba la ‘resaca’ de la sentencia del TC avalando la legalidad del matrimonio homosexual, un hecho que ponía fin a siete años de incertidumbre para 22.000 parejas y despejaba el horizonte a muchas más. Y tuve un momento “I have a dream” patrio imaginando cómo sería haber elegido un/una Presidente/Presidenta, que recibiera en el balcón a su pareja del mismo sexo y se abrazaran con la misma naturalidad que los Obama. Pero recordé la portada de La Gaceta de ese mismo día con el antidemocrático: “Será constitucional, pero no es matrimonio”, y se me pasó la ensoñación. No me desgastaré intentando comprender qué tienen realmente en contra de que todas las personas tengan los mismos derechos, pero entiendo que titulares así ponen palos muy largos en una rueda que cuesta bastante mover. Quien escribió ese titular no debe ignorar que la realidad sigue partida en dos en demasiados lugares del planeta según sea tu orientación sexual. Tiene que saber de la ilegalidad de mantener relaciones con una persona de tu mismo sexo en casi 80 países, y que en 8 países te pueden condenar a muerte. Y tiene que estar enterado de que las estadísticas de agresiones homófobas son escalofriantes... Sin embargo, siguen insistiendo de la mano de la Conferencia Episcopal, que ayer, nunca mejor dicho, se cubrió de gloria con su comunicado (exigen se modifiquen la ley avalada por el TC). Allá ellos. Sus ‘homólogos’ estadounidenses del Tea Party están en descomposición tras la derrota por culpa de su discurso ultraderechista contra de la sanidad y la enseñanza pública, la integración social y a favor de su “supremacía blanca”. Así que, por favor, sigan insistiendo en su “supremacía moral”. 

    12 responses to “Supremacía Moral

    1. Fani es que eres "tremenda". Lo dices tan bien que te envío un "muack", eso si sin color sólo virtual, pero auténtico, como las leyes, sin más, claro la que son justas, sino dejan de ser leyes.
      Por cierto no me gusta nada, pero nada el "tea" y menos "aparty".
      Muuaacckk… de nuevo.
      Gracias.

    2. Grandiosa entrada Fani, como nos tienes acostumbrados.
      A mí también me conmueve el discurso de Obama hacia su mujer, es digno de ver.
      En cuanto a la desigualdad, yo creo que nos la quieren imponer: no habría nada de malo en matrimonios homosexuales si no hay alguien por ahí detrás que, por razones que vaya usted a saber, no lo quieren ver.
      Mucho por luchar, pero mucho más por ganar.
      ¡Un beso!
      http://laleydelaveleta.blogspot.com.es/

    3. Como bien dice Javier, ¡Qué tremenda eres, Fani! Si no estuviera familiarizada con tu sutil y noble inteligencia, esa finura quirúrgica con la que diseccionas las falacias y mentiras de la barbarie mediática (aunque casi, no es patrimonio exclusivo de la derecha), pensaría que por tus venas corre algo de su genio demoledor. Un artículo genial, fascinante, tremendo y suave, por eso es más tremendo, comienza como caramelo y acaba uno con sabor algo así como agridulce casi amargo … hay tanto por hacer, o deshacer?
      Es difícil no perder el hilo y la compostura cuando se tratan cuestiones tan “sensibles” y complejas. No me gusta ser tacaña cuando escribo por gratitud a quien leo, tampoco quisiera ser pesada. Me permitiré alguna licencia emocional y lingüistica, y voy a soltar un poco de lastre… espero no ofender a ningún espíritu honorable.
      Esto del “matrimonio” es un invento de los “civilizadores” de la noche de los tiempos, unos minutos antes de la medianoche, que es el final del día, los antepasados desconocidos y conocidos de estos ego-monstruitos que pululan por doquier, últimamente con más brío, si cabe, que desvergüenza, haciendo gala de su incultura, su falta de inteligencia y honestidad , su carencia de rigor y de conciencia, en definitiva, haciendo ostentación de su condición natural, la ignorancia y la arrogancia, y su ascendencia, la barbarie. Decir que el matrimonio es algo así como una unión natural, ¡natural? será por lo de matri-, o por su opuesto y semejante implícito, patri-. Lo importante es que sea -monio, uno (y grande…). La política del león, el rey de los depredadores, vencer o morir, el territorio es todo mío, incluido todo lo, las y los que hay en él, y sólo puede haber un único modo, el mío. Esta es la esencia de la uniformidad a la que estos vendepatrias llaman unidad.
      Al menos que no nos den por… con sus argumentos morales, su vetusto oropel religioso. Malditos talibanes, sinvergüenzas con educación, lobos disfrazados con piel del cordero. Cuando se extinguirá este linaje maldito, esta estirpe pestilente… No se puede razonar con ellos, son primarios, impulsivos, irracionales, su lema es lo que me gusta lo someto y lo que me disgusta lo penalizo.
      Bien por las/los soñadoras/es valientes como tú, que no temen las pesadillas, viajeros de medianoche que no han perdido la esperanza, pero el combate es muy desigual y sólo puede ser cruento, siempre lo ha sido, incluso si es “no violento”.
      La violencia sí forma parte de nuestra condición natural, o al menos de la suya, ellos lo tienen muy claro. Violencia emocional, intelectual, moral, verbal, institucional, legal, explícita, encubierta, diferida, organizada, estructural, económica…en definitiva, Ego_Monstruosa, avalada, sostenida y alimentada por su Supremacía Moral, su Ambición de Poder y su Barbarie.
      En el otro lado de nuestra condición natural la Risa de los Amantes (heteros, homo, bi, qué le importa eso al Amor), ¡qué expresión de belleza, de fuerza y de libertad! sí, libertad. Pero la liberación es un viaje en dos mundos, sólo para locos, soñadores, amantes henchidos de coraje y valor que arden en la hoguera de su pasión… y en la de sus inquisidores.
      No hay risas en mis sueños, no hay sueños en mi noche ni esperanzas en mi día, por que yo vivo a salvo de la Risa en mi prisión.

      Como siempre que bueno y que bello leerte.

    4. Me encanta tu concisión. Alguien como yo, que está tan de acuerdo con todo lo que escribes, no puede por menos que sentirse aludido cuando hablas de supremacía moral. Y por supuesto te la aplico a tí también. Y de pronto entiendo por qué la derecha de este país puede actuar tan impunemente y editar titulares tan salvajes como el que mencionas: Porque nuestra supremacía moral se lo permite. Se lo estamos permitiendo porque somos justos y razonables. Se lo estamos permitiendo porque somos críticos y autocríticos. Eso es lo que nos hace diferentes y más supremos que ellos. Pero su supremacía, la blanca, la religiosa o la que sea, está cargada con balas y la nuestra, sólo con palabras. Y ahí le has dado. Porque esa palabra, "supremacía", precisamente esa y no otra, me hace coger aire que entra directamente al cerebro, que me reafirma y me recarga. El hecho de no olvidar que somos nosotros los supremos. Gracias.

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