Elogio del Contorno

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    “Es necesario decir y pensar que el ser es y que el no ser no es”, Parménides.
     
    A veces la vida te pega una hostia que de deja seco. Tú vas confiado que lo tienes todo bajo control, más o menos amarrado y... ¿Sabes esos dibujitos con puntos negros y números que te dicen ‘Une los puntos y verás la figura’ cuando aún no los has unido?... Pues así te quedas cuando se te viene encima algo con lo que no contabas y que te desbarata la vida. Sólo ves puntitos negros sin números. Te quedas sin contorno, sin acertar a ver la línea que te dibujaba justo un segundo antes de recibir el impacto. Ese trazo que contenía lo que eras y que ahora no ves por ningún sitio. ‘Desdibujado’, se dice. Se pasa mal. Casi siempre llamas a alguien a quien quieres mucho para contárselo; pero en realidad llamas para que quien te conoce te vuelva a trazar, y te oriente. Se pasa mal. Angustia, se dice. No-saber-de-qué-va-lo-que-va-después... Hasta respirar cuesta, que parece que te han incrustado una compuerta de riego en mitad del pecho que no te deja pasar el caudal de aire. Se siente hasta vértigo. Mareo. Pánico. Frío. O calor. O todo a la vez y en distinto orden. Sólo ves puntos negros dispersos en suspensión que no sabes como volver a unir para contornearte otra vez y encontrar el sentido. Incertidumbre, se dice. Si tuviese más fondo de armario filosófico te diría que lo que pasa es que estás ‘no siendo’, pero como no lo tengo, me quedo con mi Teoría de “Los Puntos No Numerados” y aprovecho para postrarme en dos ante Heráclito y Parménides.
     
    Otra opción es querer numerar los puntos tú mismo para sentir que vuelves a tener el control y se te alivia la sensación de estar desnortado. Ni se te ocurra todavía. En plena onda expansiva del impacto de lo que sea que te haya garabateado, no es el momento de empuñar un rotulador y unir el 1 con el 2, y el 2 con el 3. Seguramente vas a poner los números dónde no tocan y el dibujo conseguido en medio del cebollón emocional que llevas será un maravilloso truño picassiano en el que se leerá: “StoyCagaó” en escorzo. ¿Entonces qué?... Pues lo de siempre: respirar hondo. Hondo hasta que no te redoble el corazón dentro del tórax al inhalar aire. Y sonreír porque el Universo, en esta ocasión, está de tu lado. Sólo tienes que esperar un hecho irrefutable: que se haga de noche. Al mirar al cielo comprobarás que quizás no exista mucha diferencia entre tú y quienes encontraron sentido a las estrellas hace mil años al trazar las formas que explicaban su realidad. “Pues éstas así, parecen un carro”... “Ah, pues veo yo un carro más grande allá”... “Y allí veo un león... Y eso un escorpión”. Estrellas o puntos, antes y ahora, siempre la misma necesidad de dar forma a lo desconocido para ubicarnos mejor. Los griegos llamaron Osa Mayor a los trazos con que unieron las estrellas, los romanos bueyes de tiro, y Caravana fue el nombre que le dieron los árabes. Dice el físico y matemático Roger Penrose que el universo no está hecho de átomos, sino de historias. ¿Y si la tuya fuese una de las que lo conforman y hay otras personas buscando sentido a la suya gracias a ti?...
     

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    9 responses to “Elogio del Contorno

    1. Fani, al leerte me recuerda lo feliz que me siento cuando salgo de madrugada a pasear por mis entornos, y veo, casi siempre, a La Estrella Polar, y sé a dónde y por dónde voy. Reflexiono sobre mi vida, pasada, actual, y … la del futuro ni quiero preveer.

    2. Sencillamente precioso. He llegado a este blog por casualidad, gracias a Twitter y tienes una lectora y seguidora más. 🙂 Me ha encantado esta entrada e imagino que habrá muchas que lo hagan. Un saludo.

    3. Uffff, Fani, la primera part de l'escrit em descriu a mí ara matéix.
      Ubicar en la teua vida, en ta casa, en la persona amb qui compartixes la vida…una malaltía greu, és terrible. Es converteix en el centre de l'atenció de la teua vida, sense què ho esperares. Per això admire a Belén hueso i tantes altres persones valentes què afronten les adversitats amb tanta força. Jo també ho intente.
      Miraré la nit i buscaré les llumenetes

    4. En permanante estado de "no ser" viví al lado de una persona -mi pareja- que a su vez vivía su particular y secreta forma de entender lo que significa "ser" . Y ahora que ya no somos pareja quiere volver a "ser un mismo ser", claro.
      Por otro lado, a mi me ha quedado un temor en el cuerpo tremendo que reverbera hasta el infinito cada vez que alguien me roza (cuerpo o/y alma) con un dedo .

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