Clinc-clonc

CIEno
  • WhatsApp
  • “A dónde vais extraños hermanos cuyos ojos agudiza la noche con nuestro equipaje en las caderas.
    A dónde vais extraños hermanos cuyo paso extiende la noche entre las piernas las lenguas de nuestras independencias.
    A dónde vais extraños hermanos cuyo apetito acentúa la noche con los tallos de nuestras cosechas entre los dientes.
    Pero a dónde vais pues, extraños hermanos, extraños hermanos.”
    Ibrahim Sall, Poesía del Senegal contra las fronteras
    No recuerdo qué penas cumplían quienes estaba allí, ni cuánta condena les quedaba por penar... Tampoco podría describirte cómo eran los módulos dónde estaban y a los que pude acceder, si eran grandes o pequeños. Hace más de veinte años de esto que te quiero contar hoy... Sé que fui para dar unos premios a un conjunto de internos que formaban parte de un equipo de fútbol sala, creo. Un grupo que había conseguido dejar las drogas gracias al deporte, que participaban en un torneo y que habían ganado. Fui porque quien les entrenaba me lo pidió, y acepté de inmediato. Lo que jamás he podido olvidar, y recuerdo con absoluta nitidez, es el clinc-clonc de las puertas y cancelas cerrándose detrás de mí en el interior de la cárcel de Picassent. Un clinc-clonc seco, contundente, imperativo, sórdido, inapelable. Un clinc-clonc que marcaba la distancia entre mi libertad de movimiento y la privación de los suyos. Clinc-clonc, clinc-clonc, clinc-clonc... Y se cerraba una puerta metálica, y otra, y otra más. Salí de allí con el corazón hecho una pelotilla en el bolsillo y conmovida por la brutal toma de conciencia de mi libertad, de mi absoluta libertad para irme de allí y volver a mi casa. Y poder ver a los míos cuando quisiese, y salir a tomarme un café cuando me diese la gana, y marcharme a pasear, o quedarme en casa metida todo el día...
    No se me ocurre pena mayor que ser privado de libertad. Ni jamás se me había pasado por la cabeza que algo así pudiese suceder a una persona sin haber cometido un delito. Y eso es justo lo que está sucediendo en estos momentos, mientras lees esto, en los Centros de Internamiento de Extranjeros, los llamados CIE. Una especie de guantánamos europeos dónde hay internadas personas que no han cometido ningún delito y que ven vulnerados sus derechos a diario: la privación de libertad, el primero. ‘Internadas’ es la palabra amable, la que en realidad define el estado es: encarceladas. Porque así es como funcionan los CIE: “Los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE) son ‘establecimientos públicos no penitenciarios’ donde se priva de libertad durante un máximo de 60 días a personas extranjeras que carecen de permiso de residencia y, por tanto, se encuentran en situación irregular, los que comúnmente son llamados ‘inmigrantes ilegales’. La falta administrativa que han cometido es equivalente al impago de una multa de tráfico”, explican desde CIEs No, una campaña que “tiene como objetivo primordial el cierre incondicional de los CIEs en el Estado español y Europa y la defensa de los Derechos Humanos”. #CIEsNO aglutina alrededor de 30 organizaciones que tienen en común la lucha contra el racismo y la xenofobia, y la defensa de los Derechos Humanos. Desde 2009 se concentran el último martes de cada mes en el CIE de Zapadores, en Valencia.
    “Algunos tienen antecedentes policiales, o penales”, justifican algunas voces en el documental La puerta azul, el excepcional trabajo dirigido por Alicia Medina, con Marina Sanjuán y Javi Rumí (de visión obligatoria), que desmonta plano a plano los argumentos institucionales que defienden y justifican la existencia de estos lugares. ‘Antecedentes policiales’ puedes tener si en tu país de origen, ser gay o ejercer la libertad de opinión constituyen un delito. “Estos centros nunca debieron existir. No hay fundamento jurídico para su extraña naturaleza. No son centros de acogida, son centros de reclusión para expulsar. Los CIE son indecentes. Las personas son retenidas sin que se sepa el delito. Son un instrumento desgraciado que está extendido por toda la UE con diferentes nombres”. Así de rotundo se muestra Javier de Lucas, fundador del Instituto de Derechos Humanos de Valencia y Presidente de CEAR en 2008, que lleva más de “20 años investigando y denunciando la grave situación que asola a las personas que huyen de sus países de origen”, que denominado los CIE como los “archipiélagos de la desesperanza”. Como “cárceles de la vergüenza para personas que han decidido buscar un futuro mejor ellas y para sus familias, saliendo de situaciones muy diversas han acabado allí, en unas condiciones muy lamentables”, los definió Eugenia Torres cuando vino a la radio con Celia Serrano y Thimbo Samb a #ElFémurDeLosCIE (aquí puedes escuchar el podcast)
    “Llegamos a España o morimos. Pero no vamos a volver a Senegal”, nos dijo Thimbo Samb en el programa, con una determinación en la mirada que desarma, con la fuerza de quien ha tomado una decisión en la que no hay vuelta atrás porque volver atrás es regresar a la desesperanza y esa opción no se contempla. Thimbo Samb es senegalés, era pescador en su pueblo, Kayar, desde donde embarcó en un cayuco rumbo a España en 2006. Thimbo intentó cruzar el mar cuatro veces ese mismo año hasta que finalmente lo consiguió (en los tres primeros intentos tuvo que regresar a casa por el estado de la mar). “Significa llegar donde queremos o morir en el camino; pero nunca volver atrás”, explica en otra entrevista (que puedes leer aquí).  “Los CIEs en sí, forman parte de todo un ciclo represor que sufren las personas migrantes, es un mecanismo deportador del Estado, que utiliza los CIEs como un almacén de personas, para deportarlas después a sus países de origen, pero que en muchos casos también funcionan como un sistema para producir miedo en las personas migrantes”, explicó Celia Serrano, periodista, miembro de #CIEsNo, y la persona que me puso en contacto con toda esta realidad hace algunos meses. Fue ella quien me explicó qué había detrás de las siglas CIE, fue quien me hizo tomar conciencia de una realidad por la que estaba pasado de puntillas quizás porque temía descubrir tal agujero negro a pocos kilómetros de mi casa. Y de la tuya...
    Dime... ¿Qué vas a hacer ahora que lo sabes?... ¿Qué vas a hacer ahora que sabes que ningún ser humano es ilegal, que ser inmigrante no es un delito, y que en los CIE hay padres de familia que no pueden ver a sus hijos?... ¿Qué vas a hacer ahora que has escuchado este clinc-clonc?... ¿Esperar a que Jordi Évole haga un programa sobre el tema para reaccionar?... El próximo martes, 29, a las 19:00 horas, puedes hacer algo por estas personas. Puedes acudir a la puerta azul del CIE de Zapadores y acompañar a los miembros de #CIEsNo. Eso puedes hacer. Eso podemos hacer todos. 

    Deja un comentario

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *